Hoy ha vuelto a morderme
Siempre en el mismo sitio,
el más vulnerable,
repite como diana
para el golpe de los
dientes más pequeños,
más invisibles
e inclementes.
No es la primera vez,
pero siempre duele
casi como si lo fuera.
O quizás duele más,
por el reproche que
nos hacemos
por ser así de tontos
y permitir que duela.
Incisivo, canino
y muela.
Así gira la rueda
de la masticación
de nuestra carne
por ese bocado
que nos provoca
la deliberada ausencia
de los demás.
Es la crueldad de
no entenderlo quizás
lo que duela más,
o acaso ese espectro
que cubre de escarcha
la ausencia del calor
que alimentaba
una amistad.
Quizás nunca logre
acostumbrarme
al mordisco
de la
so
le
dad.